Saturday, July 2, 2016

Revisiones a Thomas de Quincey

Transformar, ésa es nuestra fantasía. Cambiarnos por lo que no somos, por lo que soñamos que seremos. Por lo que creemos que nos merecemos. Por nuestra incapacidad de aceptar que lo único que tenemos es el presente, nuestra conciencia y que fuera de eso, más allá de nuestra piel, no hay nada. No hay magia, no hay deseos, no hay nada. Sólo el vacío que llenamos con el contacto de otra persona, o con el arte. Pero no hay nada y yo sigo pensando en la magia aun cuando el presente me da de patadas en el culo y en los huevos. Un necio o un cobarde. Por eso, tomo un pedazo de papel y parcho mis dibujos. Porque allí, en ellos, mis deseos son la realidad, y así logro cambiar a Thomas de Quincey en Dante Gabriel Rossetti y alguna de sus incestuosas hermanas. Porque fuera del suntuoso palacio de la imaginación, no hay nada.
Publicado en Laberinto, gracias a la tolerancia de José Luis Martínez S.