Saturday, October 3, 2015

El misterio del tórculo y el castigo de Némesis

Las pruebas de taller en un tórculo para grabado, en lugar de servir como testimonio de una experimentación, sólo sirven para llenarme de dudas ante el misterio alquímico del grabado. ¿Cómo iba a saber que las placas de cobre tienen un sentido, como la tela? Cuando la fundidora va sacando las láminas de cobre el enfriado define su estructura molecular. Las estrías de la lámina son perpendiculares al cilindro que las aplana. Ésas estrías afectan todo el proceso de grabado. Desde el rallado de la placa con una punta de acero para hacer el dibujo, encuentro resistencia a mi línea dependiendo de cómo tenga la placa. A veces la punta o el buril penetran el cobre como mantequilla y siguiendo una curva del trazo, me topo con una dureza que bota el instrumento. Es un proceso disparejo que exige diferentes grados de fuerza para lograr un rallado uniforme. Cuando meto la placa en el percloruro de hierro para quemarla, las estrías también inciden las estrías en el atacado. Si meto la placa de un lado se quema diferente que si la meto de otro. Al entintarla, hay que hacerlo de acuerdo a las estrías moleculares del cobre y al final, también cuenta la manera en que pones la placa en el tórculo. Allí entra otra variable, la misma placa se imprime diferente de acuerdo según el papel, la humedad, la tinta y la presión. Y por supuesto el tórculo. Aunque aplique los mismos 450 kg de presión por centímetro cuadrado, en un tórculo se imprime diferente que en otro. No entiendo la diferencia en estas pruebas de taller.
Prueba de taller en mi tórculo. La impresió sale gris y la comparo con ésta otra prueba de taller en otro tórculo. Y no entiendo nada:
La impresión es más negra, más uniforme. Más aterciopelada.
Y eso que al tórculo le instalé las barras de acero laterales para que se concentrara la presión en los rodillo y le puse una platina de fierro sólido. ¡Y la prueba sale gris!

Es Némesis. El inescapable destino de los que desafían a los dioses: La venganza. Me lo merezco. 
Y tú también

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