Sunday, October 11, 2009

Eko y Denisse

Portada del Libro de Denisse. Minimalia
Coincidíamos en la redacción de sábado, cuando visitábamos al gran Huberto Batis. Eko y yo éramos privilegiados pues sus dibujos y mis textos aparecían en las páginas de ese suplemento dirigido con maliciosa sabiduría por aquel excelso pornócrata y editor que alojó sin miramientos a turbas de poetas, periodistas, narradores y otros desamparados. Yo era —lo sigo siendo— un ferviente admirador de Denisse, una hermosa mujer de selvática cabellera y siempre desnuda —más que desnuda— con la que Eko extasiaba a una lúbrica generación de lecto-escritores. Las tiras fueron recogidas venturosamente en El libro de Denisse, con prólogo de José Luis Cuevas y una inquietante selección de textos de Andrés de Luna (Grijalbo, 1990), ambos erotómanos de gran calado. “Aprendí que dibujar excita a las mujeres”, confesaría Eko más tarde. “No me ven a mí, ven mis dibujos. Piensan que si soy capaz de dibujar esto, soy capaz de otras cosas”. La inaprehensible Denisse mostraba cada sábado las formas más extremas y terribles del erotismo. Voluptuosa y sádica, pero también frágil e incluso sumisa, era la representación perfecta de los delirios más lúcidos del Divino Marqués. “La voluptuosidad y el erotismo son materia del arte”, dice Héctor de la Garza, el nombre de Eko cuando deja las plumillas y la tinta a un lado. “La vida del artista también es materia del arte, sus obsesiones alimentan su obra, la disciplina y el rigor las definen”. Es cierto, en las aventuras en las que Eko obligó a participar a Denisse —y en las que el pícaro dibujante se solazaba—, el dibujo es perfecto, armonioso, como si hubiera sido trazado de una sola vez con una única línea que se prolonga portentosamente para dar aliento a personajes y escenas de lascivia impensable por su refinamiento y su crueldad inaudita. Varias veces, recuerdo, volví la vista una y otra vez al horizonte y después al papel para asegurarme de que la insólita imagen era real y que Denisse, poseída por bestias y demonios, llorando y rabiando de dolor y gozo, efectivamente era sujeto de indecibles torturas y placeres prohibidos. A Eko se le ha acusado de pornográfico —a lo que nuestro artista responde con una sonrisa que podría parecer perversa— e, increíblemente, se le sigue censurando en nuestros días, como aconteció con su muestra Después de la orgía en un espacio de la mojigata colonia Condesa de la Ciudad de México. Escribe Eko: “Los dibujos que colgué en salón principal del Café 22 fueron descolgados. Los asiduos se escandalizaron de las imágenes explícitas de penes y coños que colgaban de las paredes. Hoy que podemos ver cotidianamente asesinatos y decapitados por miles, que escuchamos cómo la impunidad es la forma de relacionarse con la ley, ver el cuerpo humano y nuestra sexualidad es repudiado como un delito. Hasta que no seamos capaces de mirarnos no seremos capaces de enfrentar nuestros problemas. Estoy consciente de que mi obra, más que nada, exhibe los prejuicios y las limitaciones de la sociedad, y corro ese riesgo cada vez que expongo. Mi trabajo seguirá adelante, la censura no es una fuerza capaz de detenerme”. Sus maestros, los míticos Josep Bartolí y Vlady, adivinaban ya esa perversión temprana y trataron de sublimarla predicando con las obras de Durero y Rembrandt, logrando con ello tan sólo convertir al púber artista en un virtuoso que parió a uno de los seres más bellos y entrañables de la gráfica contemporánea.

LA DENISSE DE EKO

La Denisse de las Ramblas, Barcelona.

Los Inmortales del Momento

por José de la Colina

“Yo rara vez pienso, pero cuando pienso sólo en eso pienso”. Esto es lo que inolvidablemente respondió alguien inolvidable que he olvidado (¿sería Bernard Shaw o sería Groucho Marx?) cuando un entrevistador le pidió su opinión acerca del Sexo, pues ya se sabe que hay ingenuos o malévolos periodistas que son capaces de hacer preguntas tan globales, tan generales, tan cósmicas —acerca de la Vida, o de la Muerte, o del Universo, o de Dios, o del Amor o del Odio, etcétera—, que el entrevistado no sabe si buscar desesperadamente en su caótica memoria alguna plagiable frase célebre o si invitar al entrevistador a irse mucho a entrevistar vampiros en Transilvania. Pero... ¿qué habría respondido Eko? Quiero decir el extraordinario dibujante erótico Eko (nacido Héctor Estanislao de la Garza Batorski), a quien conozco de los años setenta en que coincidíamos en el primer Unomásuno y él allí publicaba una extraordinaria historieta muda, esto es: sin globitos de texto, pero con un poderoso personaje: la hermosa y siempre de pies a cabeza desnuda Denisse, invariablemente entregada por el afilado plumín del artista a una amplia y siempre renovada gama de fantasías sexuales, de juegos eróticos que sin duda habrán pasado al imaginario lujurioso de una infinidad de lectores así como, lo confieso sin rubor, pasaron al mío. “Denisse —ha declarado el obsesivo y minucioso dibujante— apareció a mis doce años, cuando todavía dibujaba ‘muñequitos’. Me llegó un amor maldito en unas vacaciones y sencillamente mi dibujo se transformó. Comencé entonces a buscar cosas más explícitas, como las de la revista Playboy, por ejemplo, y luego descubrí los grabados de Durero, y tanto me fascinó su minucioso y denso tejido de líneas que obsesivamente copié sus grabados durante diez años. Dibujaba unas caderas cada vez más anchas, dibujaba unos grandes culos casi increíbles y unos pechos de erectísimos pezones y, encima de ellos, unos animales monstruosos y lujuriosos, de penes gigantes que se alzaban en homenaje a mi Denisse”. Y creo que Eko, padre y a la vez amante de su Denisse, actualmente parafrasearía aquella frase citada en el incipit de este texto: “Yo sólo dibujo. Dibujo hasta hallándome dormido y sobre todo soñando. Y sólo dibujo eso.” Pero... que Eko me disculpe, esto último no sería del todo verdad, pues Eko es también eco del soñador ego de Eko, es decir que además opina y hasta teoriza sobre su trabajo (si esos fantaseos gráficos son “trabajo” y no juego delicioso y alevoso). Y recuerdo que hace acaso un par de años, en la apertura de una exposición suya en la galería Misraki, Eko confesó que sus obras tratan de captar, ¡oh!, “un instante previo al coito”, y añadió: “Busco penetrar con imágenes al espectador pasivo, como si arrebatara un instante de vida a todo aquel que observa mis dibujos de Denisse”. Eko, entonces, es un asaltante y un ladrón y en definitiva un violador de nuestro subconsciente o nuestro Id (o como usted prefiera decirlo). Por eso ha motivado incontables veces la muy comprensible aunque no sé si justificada protesta de aquellos que, desprevenidos, han observado sus obras y por tanto han sido asaltados, robados y violados por el creador de Denisse. Así le ha pasado lo que le pasó recientemente, cuando abrió una exposición de sus dibujos eróticos (siempre son eróticos) en un café de un barrio culto de esta ciudad y resultó que los clientes habituales, sintiéndose víctimas de ultraje perpetrado por la hermosa Denisse de Eko, exigieron que los perturbadores dibujos fueran inmediatamente descolgados de las inocentes paredes del local. (Menos mal que en cambio no pidieron que colgaran a Eko.) De modo que Eko es un artista violento y con sus dibujos nos hace ver que si la violencia es la partera de la Historia (como alguien famoso dixit), también es madre soltera de la obra artística. Pero... He aquí que uno de mis dibujos preferidos de Eko, el que justifica y engalana estas líneas y al que considero emblemático de toda su obra, es una muy serena, nada violenta pero incitante imagen (coloreada en el original) en la que una bella muchacha desnuda, de esbelto cuerpo, de perfecto culo, de elegantes pies sigilosos y de rostro desconocido (pues la vemos dándonos la espalda), camina sobre un ajedrezado piso adentrándose grácilmente en la propicia oscuridad de una habitación vacía... pero no deshabitada pues allí la esperan mis/tus deseos, oh deseante e hipócrita lector, mi semejante, mi hermano. Y uno, fascinado, esperanzado y acechante desde esa oscuridad que puede ser el umbral de los Sueños, sólo susurra: —¿Quién? ¿Quién viene?... ¿Eres tú, Denisse? Y ella no responde desde el silencio del dibujo, pero yo sé que es la inolvidable, la soñable, la inmarcesible Denisse de Eko, bendita sea.