Wednesday, October 7, 2009

Guardianes de la moral

El Santo Oficio José Luis Martínez S.
El cartujo vuelve al monasterio con la música de Habib Koité & Bamada, donde se encuentran y funden los sonidos de nuevos y ancestrales instrumentos, donde la tradición es el punto de partida de una propuesta original y vanguardista. En la Plaza Mayor de Chihuahua, en una noche incomparable, solo con sus pensamientos, el monje peregrino descubrió a los artistas africanos y se dejó llevar por su ritmo, por sus canciones. Por la envidia. Como tantas otras veces, deseó ser negro. Negro como ellos, tener su gracia, su talento. Y esos rizos perennes, sobre todo… ¡GRACIAS A DIOS!, exclama el trapense al conocer la decisión de los empresarios del Café 22 de la colonia Condesa de suspender la exposición Después de la orgía, del siempre polémico Eko. Antes de salir de la ciudad, el fraile visitó de incógnito esa muestra sicalíptica y la maldijo. Imposible describir la incomodidad ante tantos dibujos de cuerpos desnudos, de hombres y mujeres entregados al pecado mortal de la lujuria. Con esas imágenes confirmó las palabras de san Agustín sobre la perversa independencia de los órganos sexuales, actúan como quieren y cuando quieren. Por eso comprende a quienes pidieron su retiro, ninguno de esos guardianes de la moral —como dice Coetzee— está exento de la indocilidad de la carne. “Un censor que dicta una prohibición —afirma el Nobel sudafricano—, sea contra un espectáculo obsceno o contra una imitación burlona, es como un hombre que trata de impedir que el pene se le ponga erecto. El espectáculo es ridículo, tan ridículo que no tarda en ser víctima no sólo de su miembro rebelde, sino también de los dedos que lo señalan, de las voces que ríen”. El amanuense imagina la fellinesca escena en el Café 22 con pudorosos señores avergonzados de la insurrección de sus miembros, de señoras de pronto anhelantes por los dibujos de Después de la orgía. Sodoma y Gomorra en la Condesa. Y todo por culpa de Eko, un artista fogueado en la lucha contra la gazmoñería, quien en vez de claudicar, como le aconseja la pía sociedad, se engalla y asevera: “Hoy que podemos ver cotidianamente asesinatos y decapitados por miles, que escuchamos cómo la impunidad es la forma de relacionarse con la ley, ver el cuerpo humano y nuestra sexualidad, es considerado un delito”… LA SANTA SEDE recibe una misiva de Ricardo Pacheco Colín, quien fue despedido de la Subdirección de Prensa del Instituto Nacional de Bellas Artes por órdenes de Paloma Ruiz, directora de Difusión y Relaciones Públicas del organismo. El hecho no tendría mayor trascendencia si el periodista no acusara a la funcionaria de haber creado con sus actitudes un “infierno” a su alrededor. “Autoritarismo, gritos, humillaciones, mentadas, amenazas, burletas, son las constantes en el INBA bajo el dominio de Paloma Ruiz”, escribe Ricardo. El cofrade lee la carta con las vísceras revueltas y una pregunta rondándole la cabeza: ¿Habrá alguna respuesta oficial a estas acusaciones?… QUERIDOS CINCO LECTORES, con la belleza de Chloe Kalin, El Santo Oficio los colma de bendiciones. El Señor esté con ustedes. Amén. joseluis.martinez@milenio.com

Médée (en grec ancien Μήδεια / Mếdeia, en latin Medea)

Medea es la desnudez de las pasiones y la brutalidad de los sentimientos primarios. Medea traiciona a su pueblo y mata a su propio hermano en un acto de entrega sin límites al extranjero rey Jasón que, a cambio, le promete llevarla junto a él y le jura por todos los dioses del Olimpo eterna fidelidad. Sin embargo, tras diez años de próspero reinado en éfira, Jasón la abandona por Glauce, hija del rey Creonte y la condena al exilio. Desde su destierro, la amante repudiada, en son de paz, envía a Glauce una túnica como regalo de boda. Al cubrirse con la túnica empapada de veneno, la novia muere. Medea consuma su venganza con el asesinato de sus propios hijos e impide así al monarca prolongar su estirpe. Después, abandona Corinto en compañía de las mujeres colquidenses con las que vagará eternamente. El mito muestra la existencia como una sucesión de desengaños que culminan con un acto de venganza que impide reinventar la vida, como se pone de manifiesto con la aniquilación de la descendencia.

Screen shots de Frank Lynen