Thursday, October 15, 2009

El Ekogate

En esta nota, El Ángel Exterminador, me pasó a cuchillo.
Publicado en Milenio Diario el 15 de oct 09
El 23 de septiembre pasado, el teatro-bar Café 22 montó en sus paredes la exposición Después de la orgía, del artista plástico Eko. Quejas de comensales molestos motivaron a la gerencia a reordenar la exposición dejando sin ilustraciones/porno el salón-comedor, aunque respetando la obra y las fechas de exposición, pese a lo cual al autor se declaró censurado
Si hay un lugar plural en la colonia Condesa es el Café 22”, alega el jefe de relaciones públicas Víctor Hugo Sánchez. Y es que en el lugar se presentan obras de teatro con temática gay y se da apoyo a un variopinto catálogo de artistas visuales. El mismo dibujante Eko matiza que su queja no va en contra del lugar, “que no tiene por qué encabezar mis luchas”, sino que su frustración va dirigida sobre otro enemigo: “Lo que me revienta los huevos es la intolerancia de la gente, si los comensales no se quejan, el bar deja mi obra en su lugar”, dice molesto. “Evidentemente el dibujante está generando un ambiente de víctima para hacerse publicidad”, remata el publirrelacionista Víctor Hugo. Pese a que la gerencia del lugar avisó a Eko de la decisión de cambiar del comedor los trabajos en donde se mostraban penes y coños, el ilustrador ya tenía bien calculada su reacción e incluso le había puesto nombre: “Censura”. Enseguida, y desde diversos medios, llegaron los apoyos. En la revista electrónica La Mosca en la Red, un redactor anónimo, bajo el título “Cafés lattés contra arte gráfico”, sentenció que “el neoconservadurismo hizo de las suyas y las buenas conciencias condechis saltaron a la palestra para demostrar su mojigatería, su corrección sociopolítica, su reaccionarismo y su franca vocación por la censura”. Un par de días después, el maestro José de la Colina dedicó su columna semanal en este diario para solidarizarse con Eko, de paso rendirle un homenaje y arremeter contra el café: “… y resultó que los clientes habituales, sintiéndose víctimas de ultraje perpetrado por la hermosa Denisse de Eko, exigieron que los perturbadores dibujos fueran inmediatamente descolgados de las inocentes paredes del local…”. El gran Rogelio Villarreal hizo lo propio y en su columna “Otra Parte” arremetió: “A Eko se le ha acusado de pornográfico —a lo que nuestro artista responde con una sonrisa que podría parecer perversa— e, increíblemente, se le sigue censurando en nuestros días, como aconteció con su muestra Después de la orgía en un espacio de la mojigata colonia Condesa de la Ciudad de México”. Jaime Morales, propietario del lugar, acepta que siempre entendió el talante provocador del autor y que se equivocaron al no prever las reacciones de la gente. Pero que al tomar la decisión basados en criterios de negocios, nunca morales, concluyeron que “vaginas y penes descomunales se acompañaban mejor con un martini que con un pallar a la pimienta verde, por lo que optamos por cambiar los grabados, los más inquietantes, al salón 2, que es propiamente el bar, ahí sí, las vergas y las vaginas están más a gusto. Pero nunca desmontamos la obra”. El artista alega que los carbon-prints los diseñó y realizó ex profeso para el cuarto blanco, e insiste que los movimientos del lugar obedecen a un acto de censura y se autolacera: “Esto es lo que vivo desde hace 20 años, en la industria editorial ya no existo porque no quieren publicar desnudos. Soy un autor incómodo, estoy consciente de eso y es mi riesgo no complacer, sino escandalizar”. —Pero, ¿censura, Eko? ¿No estás exagerando? —le cuestiono en amable charla. —Pues entonces, ¿cómo quieres llamarla? ¿Censura light? —sedefiende. —Es que le hubieras entrado por el otro lado —agrego. —¿Me estás albureando? —No, mira. El día que la gente conservadora pueda convivir con tus cuadros y no se queje, ese día te deberías de preocupar. A final de cuentas, y luego de todo este tiempo, sigues provocando a esas almas puras. Yo en tu lugar estaría feliz. Un silencio que consideré como una aceptación puso fin a la plática. La exposición Después de la orgía seguirá colgada de las paredes del Café 22 hasta el 15 de noviembre con 20 obras de Eko cuyos precios que van de mil a tres mil pesos.

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